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VIAJES EN GRUPO POR EUROPA

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ALEMANIA PUENTE DE NOVIEMBRE
flandes
FLANDES PUENTE DE NOVIEMBRE
alsacia
SELVA NEGRA Y ALSACIA
suiza
SUIZA PUENTE DE DICIEMBRE
alsacia
BAVIERA Y TIROL PUENTE DE DICIEMBRE
alemania
RUTA CARLOMAGNO PUENTE DE DICIEMBRE
Hay pocas cosas que superen la mezcla de nervios y emoción que provoca un viaje en grupo. Si lo haces por primera vez, quizá tengas también algo de miedo, pero este enseguida pasa a un segundo plano desplazado por la ilusión que hace montarse en un avión  ,  y que toda la gente con la que te encuentres será nueva.
Pero ¿cuáles son los mejores lugares para viajar ? Cualquier destino es válido, pero si quieres ir poco a poco y no añadir un choque cultural muy fuerte a tu aventura independiente, especialmente si es la primera vez, una buena idea es optar por alguna ciudad europea: están llenas de cosas para hacer, suelen tener muchísimas opciones de alojamiento, una buena red de transporte público… y ahora tienes hasta la seguridad de poder llamar a casa o hablar por Whatsapp en cualquier momento sin temer al roaming. Claro que estarás tan inmerso en tu viaje y conociendo a tanta gente que ni te acordarás del móvil. Repetimos, cualquier destino es válido, pero en  te recomendamos estos.
1. Viena y Austria.
La capital austríaca te recibirá con los brazos abiertos y haciéndolo todo tan fácil que casi ni notarás ese paso fuera de tu zona de confort: Viena es limpia y ordenada; su transporte lo cubre todo, es frecuente y puntual (aunque puedes ir a casi todos los puntos turísticos dando un paseo); y tiene actividades para todos los gustos. Puedes perderte entre las callejuelas del centro histórico, admirar la arquitectura impresionante de la era imperial, ir a la ópera por 4 euros, visitar algunos de los mejores museos de arte del mundo, tirarte a ver la vida pasar en un parque, bañarte en el Danubio, visitar sus mercados, descubrir su faceta más vanguardista en los edificios de Otto Wagner, vivir la cultura underground y algo hipster de los distritos 7 y 8… Todo sabiendo que, además, estás en una de las ciudades más seguras del mundo.
2. Praga y Republica Checa.
Praga es un cuento de hadas tan acostumbrado a los turistas que hará que no te sientas nunca solo. Es barata, fácil de pasear (perderte es casi inevitable por las calles de Staré Město, pero las sorpresas son siempre rincones y tiendecillas dignas de foto) y tan bonita que te costará creer que lo que estás viendo es de verdad. Una vez que superes ese primer día de inseguridad y nervios y quieras huir un poco de la multitud, sube a Vyšehrad y observa la ciudad y el río desde lo alto. Las vistas son mágicas y el lugar poco frecuentado por turistas. Si te quedas unos días, ir a ver una ópera en el Narodní Divadlo es también una actividad muy recomendable.
3. Oslo,Noruega.
Para amantes de la luz nórdica que prefieran huir un poco de las masas de turistas, Noruega es buena idea. Oslo es la capital, pero en la industria turística está un poco en segundo plano, eclipsada por Bergen y, sobre todo, los fiordos. ¿Significa eso que es menos atractiva? Para nada. Oslo es un lugar perfecto para pasar unos días relajado: pasea por sus calles llenas de casas de colores, descubre la parte más alternativa en el barrio de Grünerløkka, sube al parque Frogner y admira sus esculturas, aprende sobre expediciones polares en el museo Fram… puedes hasta coger un barquito y recorrer el Oslofjord. (Y, sí, Noruega es cara, pero si vas solo pocos días y tu presupuesto no es superajustado, lo mejor es no estar haciendo el cálculo para pasar coronas a euros todo el rato: en tres días no te vas a arruinar, ¿no?).
4. Múnich, Alemania.
Ya conoces Berlín, ahora toca conocer la capital de Bavaria, el lugar del que parten todos los estereotipos alemanes. Múnich es una de esas ciudades en las que se mezclan tradición (lo verás en la arquitectura y en más de un escaparate con el traje regional) y modernidad (galerías de arte, tecnología punta, una zona hipster –Glockenbach– llena de tiendas de diseño y cafés modernos), muy fácil y agradable de visitar. Puedes llegar a pie a casi todas partes y tener momentos de éxtasis viendo el atardecer a orillas del Isar con la iglesia de San Maximiliano enfrente. Verás a muchos grupos de alemanes haciendo pícnic/bebiendo vino mientras contemplan el atardecer. Seguro que haces amigos.
5. Oporto y Portugal.
Oporto ofrece la seguridad de la cercanía. Todo irá bien y no te sentirás con morriña prematura, así que al final dará igual, pero saber que es fácil volver si no estás acostumbrado a viajar solo ofrece un extra de tranquilidad. Pero ¿cómo no disfrutar de una ciudad tan maravillosa como Oporto? Se te pasarán las horas paseando por las callejuelas empinadas que bajan al río, observando a los jóvenes que saltan desde el puente Don Luis I, visitando el barrio cool de Baixa, cruzando a Vilanova de Gaia, visitando sus bodegas, mirando desde ese otro lado del río hacia Oporto e intentando discernir si de verdad estás despierto y no soñando.
6. Glasgow, Escocia.
Sí, Edimburgo es más bonita, al menos al modo tradicional, pero Glasgow tiene un no sé qué extra, ese que comparten las ciudades de pasado industrial en las que la cultura underground siempre se movió mucho más libre. Si eres amante del indie, ya sabes que serás feliz preguntándote si te encontrarás a alguien de Belle and Sebastian o de Travis o de Franz Ferdinand paseando por sus calles. En Glasgow encontrarás parques por los que salir a correr o pasear, cafés pequeñitos y artísticos en los que pasar horas leyendo o mirando a la gente y una vida nocturna a la altura de la ciudad universitaria que es. Vete a un concierto, a una noche open-mic, a un museo. En la Galería de arte moderno tuve una conversación fascinante con el vigilante de una de las salas, algo que no hubiese pasado si hubiese estado con más gente.
7. Riga y Letonia.
Tendemos a creer que los países bálticos son un poco todos lo mismo; no podríamos estar más equivocados. Estonia es culturalmente finlandesa, Lituania es cien por cien eslava y Letonia —técnicamente, eslava también— es una mezcla de ambas culturas. Su capital, Riga, es una joyita oculta que te alegrarás de visitar: su centro histórico está lleno de edificios art-nouveau, hay una cultura artística y alternativa que hace que todo esté plagado de galerías de arte y tiendecitas de diseñadores locales, y un Museo de la Ocupación Soviética tan fascinante que olvidarás que estás solo enseguida.
8. Gante, Bélgica.
Si eres vegetariano, ni te lo pienses y compra ya el billete (a Bruselas): Gante es un paraíso en el que todos los restaurantes deben tener opción vegetariana por ley, hay muchos más restaurantes vegetarianos de lo que esperarías en una ciudad de 250.000 habitantes y hay hasta una campaña del ayuntamiento que propone que los jueves sean un día sin carne ni pescado (algo que incluso Moby alabó en su momento). Pero esta no es la única razón por la que amarás Gante: tiene el mismo encanto que Brujas, pero sin la masificación turística; te hartarás de hacer fotos a casitas reflejadas en el río (coge un barquito que te lleve por sus canales, vale mucho la pena); es abarcable y recorriendo su Castillo de los Condes sentirás que estás en un decorado de Juego de Tronos.
9. Nápoles e Italia.
Nápoles tiene una mala fama que no se merece: su afamado Barrio Español, el que se supone que es el más peligroso, es —por lo menos en las primeras calles— más terreno de turistas que de mafiosos. Cualquier ciudad italiana es perfecta para ir solo: si quieres conversación, no tienes más que sonreír a la señora del mercado o al camarero que te ha servido el espresso (¡siempre en la barra!) y enseguida verás cómo fluyen las palabras. En Nápoles, además de subir al Castel Nuovo a ver la ciudad desde arriba y el Vesubio (si no hay niebla) al fondo, debes ir a L’Antica Pizzeria Da Michele. Tiene de verdad las mejores pizzas del mundo. (Si tienes tiempo, una escapada a Pompeya es también buenísima idea).